Tras la publicación en el BOPH del 29 de abril del corriente del anuncio del destino de una partida económica a la rotonda del cruce con la N240, los medios de comunicación se han dirigido al alcalde de la localidad para que declarase en relación a dicho asunto.
He repasado varias veces las fotos que tomé el día que la concentración ciudadana (el auténtico motor que provocó que esta reivindicación no cayera en el olvido, tras la reiterada desatención municipal) y no lo he visto. No he visto la imagen del alcalde, al frente de su pueblo, ni de ningún miembro de la corporación que presidía en el momento de la misma; de la corporación anterior, la auténticamente responsable del abandono de este asunto, aún menos. Ni de otros muchos vecinos que , según declaraciones de Jesús Alfaro, deben sentirse muy satisfechos.
He repasado las notas que tomé de conversaciones mantenidas con diversos vecinos y he recordado perfectamente los llamamientos hechos por diferentes ediles a no acudir a dicha concentración; llamamientos basados tanto en argumentos ad hominen, basados en denostar a los que promovían dicha acción, como en lo inoperativo de dicho esfuerzo una vez que el ayuntamiento no había conseguido nada. Y he recordado también la campaña de acoso y derribo que aún sufre el vecino Ángel Bergua, ejemplo vivo de desinterés personal, condenado al ostracismo por la pacatería de quienes tan sólo funcionan por mecanismo de pensamiento único y el "conmigo o contra mí".
Pero ahora, según se cuenta, éramos todos una piña en defensa de nuestra rotonda y estamos muy satisfechos; aunque muy pocos fueran los que ocuparon esa tarde el terreno aledaño al pabellón para gritar que querían soluciones para la N240. Y aún menos los que colocaron posteriormente en su vehículo el triángulo amarillo icono de la reivindicación. Pero la satisfacción corre desbordada por las calles de Tierz.
Pero lo que importa ahora es que se haga la rotonda. Y que las medallas se las pongan quienes quieran pero que, una vez bien colocadas, visibles y brillantes, no olviden que siguen pendientes las de Quicena y Loporzano. Y que no olviden que la hemeroteca no olvida; y yo tampoco.

















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